El burócrata soviético y el CEO americano

En la Unión Soviética, procesos políticos y factores culturales generaron y desarrollaron, a partir de los años 20 del siglo pasado, una capa social que se quedó conocida como burocracia. Es bueno recordar que esa capa burocrática ya tenía peso social y político en el régimen anterior, antes de la revolución de 1917.

Destaquemos algunos significados de ese estamento social hasta la caída del régimen. Su papel en la economía. Todas las instituciones eran gestionadas o acompañadas por la burocracia soviética. El burócrata no era el dueño de la empresa — estatal ¿te acuerdas? — solamente la gestionaba. Sus privilegios eran de otra naturaleza. Además de contar con una porción especial en los resultados, bien como en otras formas de distribución, detenía el poder de determinar quién tendría las ventajas o no. Casi concomitante con ese proceso en la Unión Soviética, se desarrollaba algo análogo en las empresas americanas. El crecimiento de los negocios y de las plantas de producción, así como la complejidad de los mercados y de las tecnologías, fue propiciando el surgimiento de una capa social de ejecutivos y CEOs (Chief Executive Officers), sin la cual siquiera se puede imaginar hoy la empresa americana. Notable es el conjunto de analogías entre el llamado primer escalón en la empresa capitalista y su equivalente en la empresa que existía "del otro lado".

También en EE.UU. el CEO no es dueño de la empresa; el propietario no siempre es un individuo pero un plural de accionistas, y, cuando hay un dueño único o dominante, su papel es eminentemente discreto. No necesitamos enumerar cuáles son los privilegios del primer escalón ejecutivo, tan alabados por los que rinden culto a la "democratización de las empresas". (Esa democracia parece tallada para el primer escalón, puesto que no tiene prisa en bajar a los otros niveles de la empresa.) Su poder es tal que consigue resguardar sus "benefits", mismo que en detrimento de los accionistas, los cuáles serían teóricamente los dueños del negocio.

Cualquier biés en el juicio arriba no niega el poder o el prestigio de la capa ejecutiva. Miremos el fenómeno del ángulo de la recuperación de la economía americana.

Parece que la recuperación de la economía norteamericana está ante un desafío agravante: ¿con quién contar dentro de las empresas? Se afirma que a la capa ejecutiva no le gusta pensar (en vez de estudiar prefiere esoterismos y autoayuda); siquiera imagina que exista eso de repensar; come mucho, la grasa debe de estar inundándole las neuronas; y se ha endeudado por cuenta de un futuro que está evaporándose. De ser verdad, ¿se puede reconstruir una empresa, o un país, con ese "ejército"?

De hecho, ese cuadro no es sólo americano. La "normalidad" americana ha moldeado el executivaje risueño en otros países. ¿Alguien está preocupado con eso? ¿No sería un tema oportuno-urgente para ser aguijoneado en Davos? Parece que no se puede cavilar en "shifting" en la economía sin revitalizar a las empresas. Y ¿cómo pedir salud a las empresas cuando a sus cuadros dirigentes les hace falta ayuda?

Pero, ya que no se puede pensar en organizaciones complejas sin un cuerpo gerencial de nivel decisorio, no cabe llamar al Inquisidor. Ni mismo a los exorcistas. Basta facilitar a los CEOs y demás gestores senior una flexibilización de la inteligencia para que se permitan el pensar crítico y el repensar estratégico.

Pero tal flexibilización no se alcanza mediante conferencias magistrales o sermones.

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